La fase de neutralización del pH del agua filtrada mediante la adición de ácido o CO2 procedente del reciclado de hormigón fresco propuesta por HYDROSTOP es una etapa esencial en el proceso de tratamiento de las aguas residuales generadas por la producción de hormigón. El objetivo de esta fase es ajustar el pH del agua filtrada para que cumpla las normas medioambientales y los requisitos reglamentarios antes de ser vertida al medio ambiente.

 

El agua filtrada procedente del proceso de reciclado del hormigón fresco puede contener altos niveles de pH debido a las reacciones químicas que se producen en la fabricación y reciclado del hormigón. Los altos niveles de pH pueden ser perjudiciales para el medio ambiente si se vierten sin tratar.

 

Para neutralizar el pH del agua filtrada, HYDROSTOP propone el uso de ácido o dióxido de carbono (CO2), también derivados del proceso de reciclado del hormigón fresco. Estas sustancias se añaden al agua filtrada de forma controlada para reducir su pH a un nivel seguro y aceptable.

 

El ácido o CO2 reacciona con los compuestos alcalinos presentes en el agua filtrada, reduciendo su pH y haciéndola más neutra. Este proceso de neutralización se controla de cerca para garantizar que el pH del agua alcanza el nivel requerido para su vertido seguro al medio ambiente.

 

Una vez ajustado el pH, el agua filtrada tratada puede verterse a los sistemas de drenaje o a los cursos de agua, de conformidad con la normativa medioambiental vigente.

 

En resumen, el proceso de HYDROSTOP de neutralizar el pH del agua filtrada mediante la adición de ácido o CO2 procedente del reciclado de hormigón fresco garantiza que las aguas residuales de la producción de hormigón se traten de forma responsable antes de verterlas al medio ambiente, contribuyendo así a preservar la calidad del agua y la sostenibilidad de la industria del hormigón.

 

En résumé, la phase de neutralisation du pH de l’eau filtrée par apport d’acide ou de CO2 issu du recyclage des bétons frais proposée par HYDROSTOP permet de garantir que les eaux résiduelles de la production de béton sont traitées de manière responsable avant leur rejet dans l’environnement, contribuant ainsi à la préservation de la qualité de l’eau et à la durabilité de l’industrie du béton.